Reyes

LUIS FONTANA
MENDOZA

De a poco, los jugadores se miden los gestos y el nerviosismo. Las blancas aparentemente tienen que salir del encierro donde torpemente han llegado, pero todos los que miramos el partido sabemos que será a costa de sacrificar la dama. El clima está tenso. El viejo coronel de la otra cuadra ha venido, por primera vez, a la plaza y no puede ocultar la curiosidad por el desenlace. Se toca la barba, nervioso, y alcanza a meter las manos en el saco gastado cuando se escucha "jaque". Confieso que no vi venir esa jugada, la reina está a salvo y, de repente, las negras ponen en problemas a una torre y el rey negros. El coronel sonríe. Yo lo miro y me lo imagino haciendo sus deducciones estratégicas de viejo militar. El partido sigue lentamente. Uno de los  vecinos toca al coronel en el hombro y un rato después se han alejado del grupo, debajo de unos árboles. Se los ve discutir, aunque demasiado lejos para que yo pueda advertir de qué se trata. La negras dan mate, el coronel cae en el pasto y todos corremos a ver qué ha pasado.

 
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