La historia de la carretilla

José Luis Heinzen
Rosario


Mis abuelos, María Estefanía  y Roberto Antonio, se conocieron cuando Roberto  Antonio fue a trabajar junto con algunos de sus hermanos al campo de la familia de María Estefanía, en la localidad de Colonia Rivadavia, provincia de Santa Fe, en la época de cosecha.
   Estuvieron solamente tres meses de novios y se casaron, trasladándose a un campo en el límite entre las localidades de Colonia Rivadavia y de Grütly Sur, para vivir allí. Siempre estuvieron juntos por más de cincuenta años y solo la muerte pudo separarlos.
   Pero no todas fueron rosas en ese matrimonio, ya que a las duras jornadas de trabajo rural que debía afrontar la pareja se sumaba que Roberto Antonio era muy mujeriego y muchas veces aprovechaba alguna oportunidad para ausentarse de su casa. Especialmente cuando se trasladaba a la localidad de Humboldt, para comprar o vender alguna cosa.
   Cansada de las llegadas tarde de su marido, María Estefanía siempre lo amenazaba con que un día él iba a volver a su casa y ella no lo iba dejar entrar.
   Y una vez eso sucedió. Al volver muy tarde a su casa, Roberto Antonio encontró la puerta cerrada. Esta era la solución que había encontrado María Estefanía para terminar de una buena vez con las calavereadas de Roberto Antonio, tomando una medida drástica, para que este sufriera un escarmiento.
   Roberto Antonio comenzó a llamarla por la ventana de la pieza a María Estefanía, que ya estaba durmiendo y no  quería levantarse para dejarlo entrar.
   La nueva llegada tarde suscitó una larga discusión y, como en un campo de batalla, nadie quería ceder en su posición.
   Los años que llevaban juntos eran más que suficientes para saber que esta vez María Estefanía estaba enojada de verdad y que no sería fácil convencerla para que le abriera la puerta.
 Luego de usar todos sus repertorios de excusas y promesas y al ver que María Estefanía no se inmutaba, Roberto Antonio amenazó con suicidarse, tirándose al aljibe que existía en el patio.
El muy astuto agarró una carretilla y la tiró al pozo de agua, provocando un gran ruido.
   Entonces María Estefanía, que estaba prestando mucha atención a los sonidos que surgían del exterior, se levantó asustada de su cama, abrió la puerta, y corrió hacia el patio.
   Ocasión que aprovecho Roberto Antonio para entrar a la casa y dejar  afuera a María Estefanía.
   En su ancianidad, el abuelo Roberto Antonio nos contaba esta historia y a María Estefanía siempre se le iluminaba el rostro con una sonrisa que irradiaba el amor que siempre sintió por su esposo Roberto Antonio, a pesar de que este era bastante vagoneta.

 
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