El compromiso

Graciela Berti
San Rafael, Mendoza

Sobremesa, actividad distendida que acontece luego del almuerzo o cena, como la de este domingo de julio de 2013, luego de almorzar un apetecible plato de origen árabe. ¿Postre? En él no hemos pensado ya que nuestra mayor preocupación y ocupación es el diálogo, al que ha arribado un tema recurrente, el desguace. Con ello hacemos referencia a la actividad que realizan los herederos con las pertenencias de quienes parten definitivamente, en la cual hemos tenido ocasión de participar y por ello es difícil no imaginar que ese desarmadero, alguna vez, tendrá lugar con lo que representa nuestro legado. ¿Qué destino tendrá todo lo que apreciamos?, ¿Quién percibirá toda su carga emotiva? Imposible saberlo y, en esto, que parece una conclusión razonable, comienzan largas disquisiciones de tono muy melancólico.

 

La suerte de nuestro inventario formado por casa, auto o heladera, no nos interesa. En cambio, el constituido por bienes como una foto en monocromo gris, ¿quién lo aceptaría?, si solo se trata de una impronta de tu mamá, a quien tanto extrañás. ¿Y todas las horas de complacido estudio, plasmadas en archivos virtuales? Puede ser que alguien las reciba y, con el tiempo, las termine perdiendo por falta de un backup oportuno, sin lamento ni nostalgia. La enumeración continúa, seguida de interrogantes y de respuestas. En ello empleamos muchos momentos, sin llegar a una conclusión convincente. Hoy, todo hace pensar que la conversación derivará en resultados similares, no obstante, llega el recuerdo de Norberto. Entonces, nuestras manos derechas se cruzan por sobre los platos vacíos, mientras los dedos pulgares, libres hacia arriba, aprueban el compromiso que las entrelaza. Decidido está. Daremos a conocer nuestro auténtico capital, actividad que estará dedicada a la memoria de nuestro maravilloso amigo de las letras puntanas, quien antes de despedirse para siempre, nos propuso en amena reunión, la legítima tarea de transmitir en vida los auténticos bienes, los sentimentales e intelectuales, es decir, el verdadero patrimonio. De este modo, cuando llegue ese tiempo que a todos nos espera, cada fotografía revelará las alegrías y lágrimas acumuladas, el repasador bordado descubrirá el amor de mi madre al enseñarme esa labor, la biblioteca y los archivos alegarán sobre nuestra dedicación al estudio, Bajo las lilas contará que fue mi primer libro leído, la madera balsa testificará tus adolescentes horas de aeromodelismo, mientras, las hojas amarillentas de los DNI confesarán que se ha vivido.

 
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