Cuento de misterio

Elba Vincenti
Córdoba.

El viento jugaba con el miedo de María al abrir y cerrar las ventanas del altillo con un ritmo acompasado.

La oscuridad de la noche sólo era atravesada por los rayos de la luna que se asomaban y se escondían entre las hojas de las ramas inquietas,penetrando en el living de la casa como luciérnagas que bailaran una danza endemoniada.

Ella,inmóvil detrás del sillón de pana azul,escuchaba los pasos arrastrados alrededor de la casa. ¡Había alguien allí!

_¿Qué haré? -se preguntaba...

El teléfono era una gran tentación.Era como un imán que la llamaba, pero el miedo la detenía, detrás del sillón.

El ruido de los pasos se detuvo.

Ella sentía que el corazón se le escaparía en algún momento, que toda su sangre circulaba por sus arterias haciendo notar sus latidos a simple vista en la garganta y las sienes...

Sentía que la espiaban y así era. Los ojos negros y profundos, cual cavernas, clavaban su mirada insidiosa en la habitacón. Buscaban de ventana en ventana el lugar exacto para ver a María.Ella seguía agazapada y paralizada por el temor.

Ante el fracaso por no verla, la sombra continuó su camino hasta perderse a lo lejos.

María corrió, atropellando cuanto objeto se le interponía en la penumbra hasta alcanzar el teléfono. La memoria la traicionaba no permitiéndole recordar los números necesarios; cuando lo logró,sus dedos parecían cinco pedazos de madera dura, hasta que por fin logró su cometido y acudió a la policía.

Las luces rojas y azules se sumaron a la pálida luz de la luna de aquella noche fría de otoño.

Ya más segura,encendió las luces de la casa que iluminaron los senderos llenos de la hojarasca amarilla y rojiza de los árboles del jardín.

Las ventanas de algunos de los vecinos más curiosos también se alumbraron ante el ulular de las sirenas.

María le flanqueó el paso a los detectives, quienes enterados del caso, revisaron los alrededores de la casa. Allí vieron sólo el pasto aplastado por las pisadas y las marcas de la respiración del intruso en los vidrios,como hechas a fuego.

Esto les resultó a todos muy extraño pues éstas debieron desaparecer al instante, antes de que él se fuera de allí.

Por otra parte,el pasto parecía sólo acariciado por las pisadas, como arrastrado por un peine suave.

Los policías decidieron seguir esta última pista esa misma noche a la luz de las linternas.

Allá seguían,hacia el sur, ya no en el pasto, sino en el guadal que cubría el camino solitario y oscuro,flanqueado solamente por una que otra vetusta vivienda desde donde salían ladrando los perros.

El camino hacía un recodo hacia la derecha y hacia allá seguían los pasos.

A lo lejos,la mortecina luz lunar alumbraba las paredes blancas de la Ciudad de los Muertos,que se recortaban contra la noche en forma de ángeles,techos abovedados y figuras que parecían querer recibir a los que se acercaban.

Las huellas,cada vez más marcadas y arrastradas tal como si el cansancio hubiera agobiado al caminante,entraron al lúgubre lugar y se perdieron en lo profundo de una tumba...

 
X
You may login with either your assigned username or your e-mail address.
The password field is case sensitive.
Loading